Consejos de una emprendora para atreverse a emprender

No sé en qué momento decidí que quería emprender, pero desde que tengo memoria siempre pensé “cuando tenga mi empresa…” y no sabía necesariamente de qué, simplemente iba a trabajar “en mi empresa” (qué patrona soy, sí, lo sé) tal vez por eso estudié tres carreras: negocios internacionales, cocina y fotografía; confiando en que alguna tendría que pegar. 

Antes de emprender viví muchos rechazos en trabajos que quería. Durante la carrera y cuando me gradué, mandé aproximadamente 200 CVs de los cuales conseguí como diez entrevistas y solo tuve respuesta de cuatro o cinco. Al final tuve un par de trabajos antes de aventarme al emprendimiento (en ninguno llegué a los dos años), trabajé en ventas, fui booker de artistas musicales, produje conciertos,  hice producción de foto, y era “fotógrafa freelance”, lo pongo entre comillas porque nunca le metí el tiempo y dedicación para que despegara. Mientras todo esto pasaba siempre tenía ideas de negocios, me emocionaba y después lo dejaba y así pasaron años, hablando con amigxs, haciendo planes, teniendo juntas, deprimiéndome porque no hacía nada, viendo gente a mi alrededor emprendiendo, deprimiéndome más, volviendo a sacar ideas para desarrollar, estando a punto de salir y volver a echarme para atrás. Muchos años.

Hasta que salté...

Después de estar varias veces en el precipicio y nunca saltar, puedo decirles que creo fielmente que no existe el momento adecuado, siempre habrá peros para emprender y/o para hacer algo que esté fuera de tu zona de confort, seguramente ya lo han escuchado o leído varias veces: solo es cuestión de hacerlo, chingue su madre, aventarte y saltar. 

Cada vez que leía algo así pensaba: “gracias por su ayuda, nunca lo había pensado. ¡Hacerlo! Claro, qué fácil ¿cómo no se me ocurrió antes? ”, no saben el enojo que me causaba que alguien me lo dijera o leerlo en algún blog o artículo con el famoso título “¿Cómo emprender?” o “La mejor forma para emprender” o “¿Cómo emprender en un mundo de hombres?” o “Las claves del emprendimiento” (etc, etc, etc) los leí todos, T-O-D-O-S (la neta todavía lo hago, ¡qué masoquista!), y ¿lo peor? Todos dicen lo mismo: solo hazlo, y peor aún, tienen razón. SÍ, así es, es cuestión de tomar la decisión y decir: “chingue su madre, vamos al precipicio que voy a saltar”. 

Eso sí, no será fácil.

Crecí en una familia en donde mi abuela materna, mis papás y algunos familiares tienen su propio negocio y al crecer en ese ambiente yo pensaba que era sencillo, solo abrías tu empresa y ¡PUM! todo fluía y funcionaba, pffffff qué ingenua. Me tocó vivir en una familia privilegiada, para mí era fácil soñar que todo se da, veía a los adultos de mi alrededor sin preocupaciones, y realmente nunca me faltó nada.

En mi mundito todo me parecía relativamente fácil, pero conforme iba creciendo me di cuenta que ese el camino al emprendimiento está cargado de mucho trabajo, estrés y muchos factores más, por lo que cada vez admiraba más a mis papás, a mi abuela y a mi hermano. Mi mamá me hizo entender que en este país (con la historia, las instituciones y la carga machista que tenemos), ser mujer es más difícil que ser hombre y por lo tanto el camino iba tener más baches que esquivar, mi papá me explicó que hay varios sacrificios para poder sacar adelante una empresa, mi hermano me enseñó a abrir los ojos y a ver que mi mundo estaba lleno de posibilidades, y mi abuela siempre me reiteró que las cosas no pasan por arte de magia, que el trabajo duro es recompensado y que es lo que se requiere para crecer. Sinceramente ellos fueron mis pilares de chingonería y una de las razones más importantes por las cuales decidí emprender. 

Esta decisión no fue rápida, ni sencilla cómo pensaba, pasaron 14 años, sí, 14 años para llegar al precipicio y tomar la decisión de saltar, después de un ir y venir de ideas, fracasos y depresiones, salté. ¿Y ahora? Pues queridxs, lo que viene es un camino de saltaderas en donde he tenido piernas rotas, brazos dislocados, cuellos torcidos, hospitalizaciones y rehabilitaciones, así que si van a saltar ¡prepárense!

Mis consejos una vez que están en este camino de madrizas:

  1. Estudien, y no me refiero a una carrera profesional específicamente, estudien lo que hacen, cómo lo hacen, y quién más lo hace. Estudien sus madrazos, analicen por qué cayeron de lado y no parados. No te caes por pendejx, créanme. 
  2. Si tú no lo haces, alguien más lo puede hacer, es decir: asóciate, contrata, delega. No todo lo tienes que hacer tú. 
  3. Aprende Excel ¡por el amor de Dios! Tu vida será más sencilla, todos necesitamos control en nuestros números, no importa qué profesión tengas. 
  4. Admira a quienes tienes a tu alrededor. Te nutre y te inspira estar rodeado de gente a la que admiras y no tienen que ser necesariamente emprendedores, empresarios o famosos. 
  5. Haz tiempo para ti, (toma terapia, haz ejercicio, toma ayahuasca, ten un hobby, lo que tú quieras), es un camino de madrizas y necesitas descansar. Se vale estar noqueadx, pero tú eres responsable de tus decisiones y emociones para levantarte. 
  6. No te la pases viendo lo que hacen los demás, solo te envenena cañón y te deprime otro tanto. 
  7. Todo a tu tiempo, ponte deadlines de pequeñas tareas, no quieras hacer todo de una.
  8. Enfócate. Define qué quieres y E-N-F-Ó-C-A-T-E en ello. Saber qué quieres es difícil. Hay veces que ni sé qué cenar, pero échale coco, haz introspección. Algo encontrarás. 
  9. Toma cursos de marketing, ventas, contabilidad, desarrollo de planes de negocios etc. Hay cursos gratis en YouTube, ya no hay pretextos.
  10. Fracasar no es el fin del mundo. ¿Te acuerdas cómo sobreviviste después de que te rompieron el corazón? Es casi lo mismo. 
  11. Siempre habrá alguien que hable mal de ti. DA IGUAL. Tú a lo tuyo. Lo estás haciendo bien.

Lo fácil es escribir esto, tomar acción es lo complicado, lo sé. Hace alrededor de un año fundé OJO, una agencia de representación de fotógrafos y estudio de servicios de producción a lado de Carlos Álvarez-Montero, y estamos en un camino lleno de precipicios, de saltaderas, madrazos y rehabilitaciones. Lo intenté 14 años, es decir, tengo más tiempo intentando que emprendiendo y, que quede claro, desde que salté no ha sido más fácil, pero la satisfacción de ver materializado algo que tanto tiempo quise (prácticamente la mitad de mi vida) no la había experimentado antes. Lo recomiendo altamente.

Nota: Si saltas y vas directo al hospital, no te preocupes, toma tu debida rehabilitación y piensa “ya salté una vez, ya me rehabilité. Puedo hacerlo de nuevo”. Siempre habrán precipicios de los que te puedes aventar. 

Al final les dije lo mismo que todos los artículos que leí, qué oso. 

¿Tú también quieres emprender?

Mara Garcia

Mara Garcia

Dueña y fotógrafa en MaraNonis photo y Fundador en Ojo Mx.

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