Desde que empecé a trabajar sentí un miedo inexplicable a alzar la voz y expresarme. Aunque lo que dijera pudiera aportar al proyecto en el que trabajaba, me callaba por temor a no ser escuchada o a que pensaran que estaba loca o que mis ideas no servían. Pero yo no siempre había sido así.

Cuando era estudiante me encantaba esforzarme en mis proyectos finales y  cuidaba cada detalle como si fueran una entrega “de verdad”. A veces mis ideas eran un poco complejas, pero siempre resolvía cómo llevarlas a cabo, así tuviera que estar despierta dos días seguidos. Si así era en ese entonces ¿por qué ahora tenía este miedo irracional en el mundo laboral? 

Lo más frustrante de esta situación era que yo soy muy extrovertida y social, y aun así mi temor a expresarme en el trabajo me superaba. No me atrevía a decir mis ideas en voz alta hasta que me di cuenta que solo había una manera de saber qué tan buenas eran mis propuestas y qué tan dispuesta estaba la gente a escucharme: soltando lo que se me ocurría, tal como lo hacían los demás.

Y así fue. La primera vez que tomé la palabra para resolver un problema con un video todo mundo me volteó a ver como  “no mames…” Pero insistí y creo que lo hice con tanta seguridad (quién sabe de dónde la saqué) que mis jefes de aquel entonces me dieron la oportunidad. 

El proceso fue caos, puro caos. Como todo se decidió de último minuto tuve que correr a comprar props e improvisé un estudio porque no tenía donde grabar. A mi alrededor me veían raro, excepto mi equipo de video que me ayudó en todo. Ya toda sudada, estresada y con mi “set” armado en una sala de juntas comencé a grabar, me quité los zapatos, subí a una silla y todo empezó a fluir. 

Pese a todas mis dudas el resultado final fue PRECIOSO y exitoso. Desde ese momento hasta la fecha siempre digo lo que pienso… Claro, no todas las ideas son buenas o viables pero no por eso he dejado de intentarlo y alzar la voz. 

Todavía me pasa que cuando propongo algo me ven como loca o piensan que mis ideas son demasiado para “un cliente al que tú le vales madre”; pero a veces las ideas que parecen más descabelladas son las que te van a llevar a lugares increíbles y con resultados que no habrías logrado de haberte quedado callada. 

Así que por experiencia lo digo: ¡Alcen la voz! Que nunca les digan que no pueden hacer algo, que nunca les hagan creer que están locas y lo más importante que NUNCA las hagan sentir inseguras de ustedes mismas. 

Posdata: Yo sí estoy loca y me encanta.

¿También quieres alzar la voz?

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